El espacio verde contiguo a la estación del tren es nominada como Plaza Maestro D. Eduardo Torres Nevado

El pasado sábado, el alcalde de Águilas, Cristóbal Casado, acompañado por una nutrida representación de la corporación municipal y la familia del homenajeado, inauguró la Plaza Maestro Eduardo Torres Nevado. Con este acto se da efecto al acuerdo de Pleno de 28 de enero de 2025, en el que se acordó la aprobación de la moción conjunta, inicialmente presentada por el concejal socialista José Antonio Consentino, sobre la denominación de una calle, plaza o elemento de nuestra localidad con el nombre de 'Maestro D. Eduardo Torres Navarro'. Hay que destacar que se presentaron más de 300 firmas de personas, familiares, amigos y antiguos alumnos como adhesión a esta propuesta.

La historia de los maestros y maestras de nuestra localidad en los años 40, 50 y 60 del pasado siglo está llena de acciones individuales para conseguir que una población costera como Águilas pudiera ofrecer, no solo la oportunidad de nociones educativas básicas, sino también propiciar las condiciones para que los alumnos y alumnas más aventajados pudieran seguir su formación en bachiller y en estudios universitarios.

Uno de estos maestros fue D. Eduardo Torres Navarro, nacido en Macael (Almería) en 1906. Hijo mayor de una familia de ochos hermanos, realizó sus estudios primarios y de bachiller en un internado de Granada, así como la carrera de Magisterio por el plan profesional en la Escuela de Magisterio de dicha ciudad.

Tras dos años de interinidad en Almendricos (Murcia), y tras aprobar las oposiciones a ingreso en el Magisterio Nacional un 5 de julio de 1934, el 17 de julio de ese mismo año toma posesión como maestro nacional propietario de la escuela nacional de "Las Cuevas" en el barrio de Colón de nuestra localidad, manteniéndose durante diecisiete años. Alternaba su labor docente con clases particulares en su domicilio, situado en la bahía de Poniente, con el fin de preparar a los alumnos y alumnas las pruebas de acceso al Bachillerato en el instituto Ibáñez Martín de la vecina localidad de Lorca.

Consigue aprobar en Valencia unas reñidas oposiciones a Dirección Escolar, obteniendo como nuevo destino el grupo escolar "La Graduada" de Águilas, situado en la carretera de Vera, puesto que desempeñó hasta su trágico fallecimiento por infarto en el año 1969.

D. Eduardo estuvo casado con Dolores Martínez Pérez, teniendo tres hijos; uno de los cuales, Pedro Torres Martínez, profesor de Enseñanzas Medias, también inició su carrera profesional en nuestra localidad, ayudando a la curación de numerosos alumnos y alumnas (y a sus padres) de una enfermedad infecciosa ocular grave (tracoma), gracias a su preocupación y a la ayuda del oftalmólogo Miguel Martínez Mínguez.

Son numerosos los reconocimientos académicos y distinciones que le fueron concedidos a D. Eduardo, como atestiguan familiares, amigos y antiguos alumnos. Pero hay que destacar sobre todo la faceta humana y solidaria de D. Eduardo Torres.

En todos los centros en los que estuvo se preocupó, no solamente de la educación y formación de sus alumnos, sino también de su bienestar, sobre todo por la alimentación de los más desfavorecidos. De esta forma, en los años 50 crea el primer comedor escolar en Águilas, donde proporcionaba comida caliente para 30 de sus alumnos más necesitados. El suministro de este primer comedor se hacía gracias a las visitas que D. Eduardo hacía a vecinos de Águilas que contribuían con dinero o con productos para el sostenimiento de este comedor.

También en los años cincuenta tuvo la iniciativa, junto con otros paisanos (D. Juan Antonio Bernabé, D. Eduardo Luna, D. José Flores, D. Agustín Muñoz, D. Juan Moreno, D. Ginés Mula...) de fundar la Academia Urci, donde pudieron preparar estudios de Bachiller, Magisterio y Banca cientos de niños y jóvenes de nuestra localidad. Así mismo, a instancia de D. Eduardo, se establecen unas pocas becas limitadas a alumnos y alumnas brillantes, pero en deficiente situación económica, con el fin de sufragar los gastos de sus estudios.

En la década de los sesenta muchos aguileños y aguileñas se encontraron con el grave problema de no poder encontrar trabajo, debido a las disposiciones legales que establecían la obligatoriedad de poseer el certificado de Estudios Primarios para acceder al mundo laboral. Para ello, solicitó a la Delegación Provincial la creación de lo que él denominó "La Pequeña Universidad". Su propuesta y plan de trabajo fueron aceptados por la Delegación, y se abrió la posibilidad de que aquellas personas que carecían de dicho certificado pudieron obtenerlo.

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